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Por Nicolás Cáceres , Head of Market Strategy en Kids Corp

La vida contemporánea fue “hackeada” por el Covid19, significando un golpe directo a los hábitos y costumbres del ser humano. Las medidas de aislamiento a nivel global implicaron el desafío de buscar entretenimiento y formas de estudiar dentro de las casas en reemplazo de ir a los establecimientos o realizar actividades sociales en el exterior.

Si había tendencias preexistentes y proyecciones para los próximos 10 años, la pandemia vino a acelerar varias de estas y proponer otras, por ejemplo, una nueva Generación C(oronavirus)” salida de Centennials (los nacidos a partir de 1997) y Alphas (2010 en adelante).

Una generación marcada por el miedo al virus y el encierro, y el deseo de volver a la cotidianidad del exterior y el contacto con sus amigos. También, con nuevas prioridades y resignificación de valores.

Un grupo de niños y adolescentes que aprecia mucho más el vínculo familiar: activos en las responsabilidades dentro del hogar y conscientes sobre la importancia de la higiene personal. Abiertos a compartir más momentos con sus seres queridos, desde la hora del almuerzo/cena hasta una película por streaming o un juego de mesa.

A su vez, para ellos la frontera entre lo online y lo offline es nula, no hacen distinciones. Tomar clases online y administrarse el tiempo de estudio pasó a ser habitual. Compartir momentos virtuales con amigos como juntarse en Twitch a ver una partida de Fornite o ver un recital vía YouTube ya es un clásico. Co-sharing y Gamification. Dos términos anglosajones para comportamientos estandarizados en la cotidianidad de los más jóvenes.

A la Generación Cle aplica con exactitud la reflexión del escritor Alessandro Baricco en su libro The Game: “Su hábitat es un sistema de realidad con una doble fuerza motriz, donde la distinción entre mundo verdadero y mundo virtual se convierte en una frontera secundaria, dado que uno y otro se funden en un único movimiento que genera, en su conjunto, la realidad”.

Con más chicos y chicas menores de 17 años en los hogares, internet se convirtió en el bastión del ocio, aumentando más del 70% las experiencias vinculadas a conexiones digitales los últimos 4 meses, con los juegos online y consumo de videos como sus actividades preferidas.

Pero más tiempo en el universo digital, implica mayores cuidados que tomar: un chico de 12 años puede ser fácilmente identificado a través de sus últimos movimientos registrados online, permitiendo que terceros sepan con exactitud a qué colegio asiste o en qué barrio vive, cuáles son sus marcas favoritas, sus intereses y hobbies preferidos. Extraer sus fotos de las redes sociales que usa y así también mapear a su familia y amigos.

Para los especialistas, la combinación “aislamiento social + internet” se convirtió en “la tormenta perfecta” para el acoso de menores y como consecuencia, las consultas de padres se triplicaron en los últimos meses según Grooming Argentina a Infobae.

La tecnología divierte, educa e incluso empodera, pero también intimida y puede llegar a ser compleja y peligrosa si no tomamos los recaudos necesarios. Cuando la consultora internacional Kids Insights encuestó a más de 3500 chicos y chicas de entre 3 y 17 años en Latinoamérica y les preguntó sobre las principales preocupaciones que les genera el uso de internet, la privacidad de sus datos apareció como su mayor temor.

Según UNICEF, 175.000 niños y niñas se conectan por primera vez a internet cada día alrededor del mundo, y si bien ellos buscan entretenimiento, están expuestos al riesgo de ser contactados por pedófilos y estafadores, ver contenidos abusivos y que sus datos sean recolectados a través de sitios, apps y/o redes sociales para fines comerciales.

Por todo esto, se necesita que los adultos se acerquen a sus niñ@s y tengan más conversaciones honestas sobre los recaudos que se debe tener en el uso de internet: supervisar el uso de redes sociales como Instagram, TikTok y Snapchat; conocer el tipo de contenido que miran de sus youtubers e influencers preferidos; concientizarlos acerca de no compartir datos personales en sitios y apps sin previa autorización; no aceptar contacto de extraños que quieran entablar diálogo vía chats en Whatsapp, Facebook, etc.

Así como para saber si te gusta una etiqueta de vino lo tuviste que probar, o si tomaste la clase de gimnasia correcta debiste asistir o antes de comprar un vehículo probablemente pediste un test drive, las plataformas digitales y los videojuegos (tanto en celulares como en consolas) requieren el mismo ejercicio: sentarse, preguntar y aprender qué es, cómo funciona, para qué sirve. Acercarse de manera curiosa, sin el sesgo alarmante que muchas veces transmiten los portales de noticias.

De ese modo, y si todavía no te pasó, el día de mañana no te parecerá descabellado si tu hijo te invita a ver un concierto a través del SmartTV o si te pide ahorrar en bitcoin o ethereum sabrás que en los videosjuegos que hoy en día frecuenta ya obtiene e intercambia “tokens” (créditos). Tal cual lo que sucede con las criptomonedas en el “mundo de los adultos», ellos, la Generación C, ya viven en un mundo “tokenizado”.